La curiosa historia de los tulipanes

El tulipán es una planta autóctona del Asia central, que en el siglo XVI llegó a Europa, especialmente a Holanda. Rápidamente tuvieron una aceptación enorme entre la población, llegando a convertirse en símbolo de ostentación y riqueza y, cómo no, uno de los objetos de robo más deseados.

Fue tal la admiración que causaron que empezaron a venderse sus bulbos por precios muy altos. Pero la venta de bulbos suponía que sólo se podía hacer en determinada época del año: entre el verano, cuando se sacan los bulbos del suelo, y el otoño, cuando se plantan.

La demanda empezó a ser tal que empezaron a venderse como “productos de futuro”, es decir, que se vendían los bulbos recién plantados con el compromiso de entrega el siguiente verano. Desde que se plantaba un bulbo, su "propiedad" iba pasando de mano en mano, subiendo su precio y sin que nadie llegase a ver su flor. Sólo quien tuviera el título de propiedad en verano era el que recibía el bulbo y pagaba el precio.

Esto implicó que se vendían según los dibujos que se hacían sobre cómo se suponía que serían sus flores. Estos dibujos solían ser acuarelas hechas por buenos pintores que, en muchos casos, dejaron volar su imaginación y se llegaron a vender variedades que realmente nunca existieron, como la “Semper Augustus”, el tulipán más famoso y deseado pero que no llegó a existir.

En el siglo XVII, se desató la locura del tulipán, la tulipomanía. En 1623 se pagó por un solo bulbo 1.000 florines, cuando el salario medio anual era de 150, y los precios siguieron subiendo y subiendo: un bulbo llegó a costar más que una mansión. La gente vendía sus propiedades para comprar bulbos y venderlos por el triple, el cuádruple o el quíntuple en pocos días. Especialmente porque estas transacciones se hacían en las tabernas, mientras se bebía gran cantidad de alcohol, lo que hace que los compradores se animasen más y más.

Pero, todo esto era una burbuja: el 5 de febrero de 1637 se vendió una partida de 99 bulbos por 90.000 florines. Al día siguiente, salió al mercado otra partida de medio kilo por 1.250 florines pero no encontró comprador. Se desató el pánico y todo el mundo quería vender: los precios cayeron estrepitosamente en pocos días. Fue la ruina total para una buena parte de la población, hasta el punto que se provocó la quiebra de la economía del país.