El clavel: de amor entre reyes a símbolo de España

Corría el año 1526 y el emperador Carlos V y la emperatriz se acaban de casar después de muchos retrasos por las reticencias de Carlos. Como era habitual en aquella época, se había concertado el matrimonio sin que tan siquiera se hubieran conocido los novios. Carlos retrasó una y otra vez el cumplimiento de su compromiso matrimonial. Pero la dote de Isabel era inmensa y el emperador necesitaba dinero.

Pero llegó el momento de cumplir y cumplió en Sevilla el 10 u 11 de marzo de ese año (la ceremonia se celebró a media noche). Allí descubrió a una mujer excepcionalmente bella y de la que se enamoró tan profundamente que, incluso, llegó a apartarse de sus deberes como monarca durante varios meses. Se fueron a Granada, a la Alhambra, a disfrutar de su mutua compañía, alejados de todos los problemas del imperio y su gobierno.

Uno de los regalos que recibieron los novios fue una bolsita con semillas de flores, regalo del embajador del califa persa. Eran semillas de claveles.

El emperador mandó plantar esas semillas en los jardines de la Alhambra como símbolo de su amor.

A partir de ahí, se difundieron por toda Andalucía y por toda España, llegando a convertirse en la flor icónica de nuestra cultura. ¡Quién se puede imaginar a una mujer vestida de flamenca sin su clavel en el pelo! ¡Y esos patios o terrazas sin su planta de claveles! En canciones, en poesías, en las calles, en las casas, los claveles forman parte de nuestra idiosincrasia como españoles.